lunedì 18 luglio 2011

Amor errante (poema)

 
Hijo, en tu busca, cruzo los mares:
La olas buenas a ti me traen:
Los aires frescos limpian mis carnes
De los gusanos, de las ciudades;
Pero voy triste, porque en los mares
Por nadie puedo verter mi sangre.

¿Qué a mí las ondas mansas e iguales?
¿Qué a mí las nubes, joyas volantes?
¿Qué a mí los blandos juegos del aire?
¿Qué la iracunda voz de huracanes?

A éstos —¡la frente hecha a domarles!
¡A los lascivos besos fugaces
De las menudas brisas amables,
Mis dos mejillas secas y exangües,
De un beso inmenso siempre voraces!

Y ¿a quién, el blanco pálido ángel
que aquí en mi pecho las alas abre
y a los cansados que de él se amparen
y en él se nutran busca anhelante?

¿A quién envuelve con sus suaves
a las nubosas mi amor errante?
Libres de esclavos cielos y mares,
¡Por nadie puedo verter mi sangre!

Y llora el blanco pálido ángel:
¡Celos del cielo llorar le hacen,
que a todos cubre con sus celajes!
Las alas níveas cierra, y ampárase
De ellas el rostro inconsolable:
Y en el confuso mundo fragante
Que en la profunda sombra se abre,

Donde en solemne silencio nacen
Flores eternas y colosales,
Y sobre el dorso de aves gigantes
Despiertan besos inacabables,
Risueño y vivo surge otro ángel!

La única rosa (poema)

 
Todas las rosas son la misma rosa,
amor, la única rosa.
Y todo queda contenido en ella,
breve imagen del mundo,
¡amor!, la única rosa.